A pesar de que el número de hipotecas cerradas ha repuntado en lo que llevamos de año, “los criterios de riesgo de los bancos no parecen haber cambiado desde que empezó la crisis. Solo se da hipotecas a los clientes con salarios muy solventes lo que ha provocado que 2 grandes grupos de clientes estén siendo excluidos: los que no tienen ahorros y los que no tienen ingresos suficientes.

Estos son los 2 grandes grupos excluidos por las hipotecas:

1-  Los que no tienen ahorros: actualmente lo normal es que los bancos concedan con la hipoteca un máximo del 80% del importe de la compra de la vivienda. Teniendo en cuenta que los impuestos y gastos son de alrededor del 12-13%, esto hace que “el que quiera comprar una vivienda tenga que aportar de media un 33-34% del importe de compra. De este modo, para una casa de 150.000 euros, el comprador debe tener ahorrados unos 50.000 euros”, explica

Se trata una condición que dilapida las esperanzas sobre todo de los más jóvenes: “teniendo en cuenta la congelación salarial y el hecho de que los impuestos siguen muy altos, los jóvenes tienen muy complicada la financiación para una hipoteca”, incluso en los casos en los que la vivienda no le reporte gastos (por vivir en una casa de un familiar, por ejemplo) o pueda tenera alguna ayuda familiar

2-  Ingresos oficiales declarados son inferiores a los ingresos reales: en este grupo incluimos sobre todo a los trabajadores que cobran una parte o todo el sueldo en ‘b’ y los autónomos que declaran por el sistema de módulos y por lo tanto no pueden constatar todos los ingresos de forma anticipada. “Los bancos ahora mismo lo único que utilizan para computar sus ingresos son los ingresos justificables a través de una nómina, una declaración de irpf o los resguardos de los pagos trimestrales en el caso de los autónomos”, esto hace que muchos trabajadores al ir al banco se encuentren con la “desagradable sorpresa de que no les computen sus ingresos y no sean solventes” ante las entidades financieras

Se trata de dos de los principales grupos demandantes de hipotecas que, paradójicamente, se han convertido en los grandes excluidos por la banca en nuestro país.

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